Reproduzco un artículo de Mari Luz Peinado en soitu.es para conocer algo más de la situación en el Congo.
Lo titula “El mundo da la espalda al Congo catorce años después de Ruanda”. Leámoslo.
En unos momentos en los que todo el mundo vuelve sus ojos hacia Estados Unidos, en una de las zonas más profundas del continente negro se fragua la que podría ser la “II Guerra Mundial Africana”. La primera tuvo lugar hace aproximadamente 14 años, en la misma región y con similares protagonistas. Así es como se llamo al conflicto de Ruanda, que dejó cuatro millones de muertos. La indiferencia con la que la comunidad internacional (con la ONU al frente) asistió al drama que se vivió durante buena parte de los años 90 corre peligro de repetirse con la situación que se está viviendo en la República Democrática del Congo.
El gobierno congoleño de Joseph Kabila ha hecho la última llamada de atención esta mañana. Acusaban a las tropas de la ONU de no proteger a la población civil y de no actuar ante las matanzas indiscriminadas que están llevando a cabo los rebeldes liderados por el general tutsi Laurent Nkunda. Horas después, el mismo Kabila se reunía con Ban Ki-moon, el presidente de Ruanda y otros seis presidentes africanos en Nairobi. Las declaraciones del secretario general de la ONU al término de la reunión no aportaban muchas soluciones al problema: Moon advertía del riesgo de que el conflicto se extienda a toda la región de los Grandes Lagos. “La solución ha de ser política, no puede ser militar”, ha dicho. Con esas palabras dejaba entrever que, esta vez, Naciones Unidas tampoco jugará un papel clave en la resolución del conflicto.
Las tropas de soldados tutsis bajo el mando de Nkunda han avanzado en las últimas semanas sin encontrar apenas resistencia. El Ejército de Kabila (presidente desde 2001 y elegido en las elecciones presidenciales de 2006) ha quedado prácticamente desarticulado y las tropas se replegaron ante la incapacidad de plantar cara a los rebeldes. Los partidarios de Nkunda basan sus ataques en una supuesta colaboración entre el gobierno de Kabila con las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda, formada por antiguos soldados ruandeses responsables del genocidio contra los tutsis de 1994.
La misión de la ONU, a medio gas
Aunque la memoria de Europa respecto a los problemas africanos sea bastante fugaz, el horror que supuso el genocidio de Ruanda todavía pesa en la conciencia de muchos. No en vano, las tropas de la ONU que se encontraban en la zona fueron acusadas de asistir con pasividad a la masacre de cerca de 800.000 tutsis a manos de la mayoría hutu. “Hay que ser sinceros, la comunidad internacional no está haciendo nada por resolver la situación. Probablemente no se llegue al nivel de las matanzas de la década pasada pero la violencia cada vez es mayor y aumenta el número de víctimas”, explica a soitu.es Carluccio Giannini, técnico de la Unidad territorial de África de Cáritas España.
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